Una milésima de segundos. Un minuto. Ni el tiempo podría ser suficiente para envolvernos en esta oscura penumbra. Una aurora maquinal que es corrompida ante esas líneas de ruido blanco, casi una radiografía. Y esas ocasionales ondas placenteras que nos dejan de regocijo son simples preludios para ese duro latigazos divino. Y duelen, queman y no desaparecen. ¿Pero acaso lo bello debe ser placentero y pulcro? ¿Acaso un grito es simplemente un llamado al pánico o un simple suspiro de frustración latente? A no temerle a esas figuras retorcidas que se enlazan y abren sus poros como flores biónicas. Lanzan su polen en medio de esa maraña ígnea. Una herrumbrada tez toca cada punto de tu ser. Y ni esos zapatos lustrados sobreviven a su impúdica desidia. Pero es ahí donde reside su belleza, en aquella dicotomía entre lo gastado y lo tristemente por gastar. Mientras aquellos rugidos no detienen su marcha, en medio de esa atmósfera cadenciosa, y esas cuerdas no temen salir de la tierra para demostrar su sonido visceral entre tanta armónica e inútil pasividad. En ese mundo donde se cruzan My Bloody Valentine, Godflesh y porque no, cierta cadencia más post punk, donde reside un poco un corazoncito de las dolencias universales, donde el mundo hibernará eternamente, aquí residen estas canciones. Donde aquel viejo recelo permanece, enterrado para un día florecer con el último aliento del hombre, como un recuerdo de algo que fué, pero no será eterno.
Mucho antes que los huestes del metal o la música más extrema e experimental disfrutáramos de aquellas bella implosiones atmosféricas y catárticas de los norteamericanos Neurosis, unos ingleses de pocas pulgas en algún mugroso estudio ingles, grababan su disco debut. A nadie debería importar este detalle si no fuera porque son un referente ineludible del señor Scott Kelly y su ya mencionada banda, a no decir otros ejemplos importantes del underground extremo del momento como lo fueron Sepultura, Napalm Death, Deviated Instinct y toda esa movida del llamado crust punk, que tomaba el legado de Discharge y llevaba las cosas a terrenos mucho más extremos y viscerales. Amebix sin duda llevaba en sus brazos todo un legado de música extrema e intensa, como nos presenta en este vapuliado debut. Por un lado no hay que negar la importante imfluencia de Venom, con esa suerte de heavy metal que empezaba a tomar la suciedad del punk y lo llevaba a terrenos más oscuros, y porque no de Motorhead, influencia que por momentos es muy visible en la voz de Rob Miller (alias The Baron Rockin Von Aphid), aunque más aproximada a al bozarron de Cronos y algún tempo más cercanos al feeling blusero y mistico de Black Sabbath . Por otro lado, la banda no teme acercarse a la oscuridad de la escena Post punk y del Goth rock (como era el caso de los Suizos Celtic Frost), por lo que no nos será raro encontrarnos con atmósferas tétricas como en la perturbador tema introductorio The moor, que nos conduce en la malvada Axeman, donde las guitarras a medio tiempo dan una marcha macabra conducidas por lo0s berridos del querido Baron, para terminar a toda marcha y volver al clima opresivo. Con Fear of God y Largactyl ponen el pie en el acelerador y nos arremeten en un huracán de oscuridad en medio de frases sicóticas, que se nos cuelan como mensajes subliminales. Para Drink and be Marry nos dan un respiro, que va lentamente in crecendo hasta volver a la furia que nos tienen acostumbrados hasta el oscuro y hasta diría, deprimente final. Otros temas a destacar son el tema que le da el titulo al disco, con esa tétrica media marcha y los coros, The darkest hour, siguiendo la misma línea de Drink and be Marry sin caer en el costado extremo y Right to right, donde la voz suena por momentos a la de Lemmy y parece casualmente un tributo a su banda desde el vamos y el final con la creciente y oscura Beyond The sun, terminando más calmado de que había enpezado. Arise! es uno de esos discos que lamentablemente a quedado como un diamante enbruto que solo algunos han sabido apreciar, pero igualmente negar su influencia seria ya idiota a fin de cuentas. Los invito por ende a un viaje en un tenebroso y cavernoso viaje, negar tal ofrecimiento merece caer en el peor de los abismo. ¿A que no se atreven?
Los ochentas fueron la década del thrash y no cabe la menor duda. El genero se cultivo durante esos años como el genero extremo por excelencia a la par del Hardcore hasta la irrupción de sus variantes más corrosivas. Pero ciertamente, lejos que sus epicentros se localizaban más que nada en los estados unidos y en Alemania, se cultivó una importante escena alrededor del globo. Y brasil fue un importante embajador del mismo. Y si hablamos de Brasil, hablamos de Sepultura, y como mucho de los Ratos de Porao. Pero Sepultura fue el primer grupo del continente y que no solo trascendió el atlántico sino que llegó fuertemente al resto del globo. Claro, sus inicios con Morbid Visions y el más elaborado Schizophrenia (disco que los llevo a trascender aún más en el mercado norteamericano) los llevaron a ser una importante influencia en el underground extremo de aquel momento y no hay ninguna duda, pero Beneath The Remains llevo las cosas a un nuevo nivel. La producción a cargo de Scott Burns (un guro del metal extremo por aquel momento) y el trabajo de la banda lograron resultados más notables que las de las entregas anteriores.
Por supuesto, aqui se ubica parte del gen del thrash de bandas como Slayer, solo que la banda de los hermanos Cavalera no necesita ir a todo velocidad y no dar respiro para llegar a su objetivo. Aquí los riffs son los abanderados en este viaje. Y no digo que este disco sea necesariamente un amasijo de riffs para gusto de los huestes del genero, como lo muestra el inicio de Beneath remains donde la brutalidad es precedida por una hermosa introducción acústica o la directa Inner Self a partir del minuto 2:20. Por su parte la banda muestra un despliegue técnico muy superior, mostrado sobre todo en la versatilidad entre los breaks y riffs de impronta más extrema como el caso de Inner Self y Mass Hypnosis. A veces la banda llega momentos donde se acercan a momentos más melódicos y técnicos que no desentonarían en el material más elaborado de Metallica, como en el riff a 3:20 del mencionado Beneath Remains o en Sarcastic Existence. Ya para Slaves of Pain la banda baja las revoluciones y muestra que tiene dominio de los medios tiempos con soltura. Aparece Lobotomy y vuelven a pisar el acelerador, pero ateniéndose a el plan de extremidad controlada. Pero hay que destacar el final con Primitive future, donde la banda devuelve a la brutalidad de los inicios del disco y nos da su proclama final. Párrafo aparte para Max Cavalera que con su gruñido semi gutural genera una conexión única con la música. Los Sepultura ya dominaban al mundo, y tenemos aquí un buen manifiesto de Thrash en plenos años de origen del grind y el death, en tu cara para demostrarlo. Si querías riffs y brutalidad al por mayor, que te aproveche.
Hubo una vez un grupo de bandas de hardcore que se aburrieron de la típica cruza entre el hardcore y el thrash. Querían sonar pesadas sin necesidad de apelar a la típica estructura y cambios de ritmo de bandas como DRI y Cro mags por ejemplo, y aunque quedándose con cierto componente estético/ideológico de estos últimos. Sin embargo, hubo unos muchachitos en particular que apelaban a estos cambios, pero iban en contra de la corriente idiologica de las mismas. Estos jóvenes estaban liderados por un personaje muy particular, que tenia como ídolo a iconos de la cultura norteamericana como Charles Manson y era amante de la oscuridad de Joy división y varios proyectos oscuros/esotéricos como Merzbow y Boyd Rice, siempre apelando a una imaginaria apocalíptica que no ostentaban las bandas de su generación. Hubo muchos rumores, desde que tomaban LSD hasta que el cantante pertenecía a un culto extraño (dato que a larga les recomiendo investiguen por ustedes mismos), pero lo importante que el debut de Integrity sonaba diferente, no buscaba los clichés barriobajeros, no hablaban de honor ni respeto ni familia, sino que escribian letras con sangre negra y total oscuridad. Pero por otra parte apelaban a climas más oscuros y porque no, también ponían solos de impronta slayeriana, de esos bastante básicos, brutales a toda velocidad. Ya después de una intro, nos encontramos con canciones que apelan muchas veces a medio tiempos brutales, como la efusiva Micha:Those who fear tomorrow, que suena de preludio a la brutal patada de cara que es Diehard. Y en si el disco puede resultar monótono y aburrido si no estas en esto, pero si algo tiene este disco es variedad. De ahí con temas como Descend into,,, ,una suerte de instrumental emotivo, el comienzo que termina en un maremoto brutal que es In contrast of sin o la letanía y oscuridad de Dawn of a new apocalypse, nos muestran que no todo son temas paleros y vueltas y venidas simplistas de 3 acordes. Ya el final con March of the Damned nos da un buen ejemplo de cómo apelar al tipico Hardcore y salir bien parado. Esta claro, que si no te gusta el Hardcore de importa más 90ventera, tal vez no te guste Integrity ni este disco en particular, pero si te guste el estilo y de paso buscas personalidad, tenes 14 buenas excusas para levantar el puño y moshear hasta morir.
A veces pienso que aquel Shock que quería causar gente como Alice Cooper o (más recientemente) Marylin Manson, muchas veces es más que asustar a suegras con muchas artilugios de lo más perturbadores, sino burlarse de esquemas de ciertos parámetros culturales. Bueno, paradójicamente, lo de Type O Negative, es un literal ataque a los estereotipos populares, sin por ello quitar de lado la calidad compositiva. Bloody Kisses es su tercer disco y reflexionando seriamente, un importante ejemplo de una banda que marco la movida gótica para los 90s. Pero decir acá que TON es una banda gotica sería ya demasiado poco. Estaban las lecciones de Black Sabbath bien aprendidas como lo habían representado su contraparte inglesa, Paradise lost, con esa combinación de riffs sabbateros y teclados oscuros, pero los liderados por Peter Steele venían de Brooklyn, ciudad más marcada por la escena hardcore que por otra cosa. Y sabiendo de que durante los ochentas, Peter y Sal Abruscato (baterista que participó en este disco), participaron de la banda hardcore/Thrash Carnivore, sumado al primer disco de TON (donde se vislumbraban en mayor medida dichas influencias), no es raro encontrarnos con temas como Kill all The white People, con un intermedio setentoso/sabbatero y la tribunera We hate Everyone con un medio tiempo mechado entre el teclado y esos riffs tan típicos de ellos. Pero el sonido más gótico pesadon esta presente en temas como las conocidas Christian Woman (dividida en 3 partes) y Black no 1 (un tributo satírico de las bandas góticas de los 80s). Y si quieren más maldad y lentitud, Bloody Kisses (A death in the family) con ese siniestro teclado marcando esas atmósferas tétricas. No hay nada predecible y el humor (muchas veces del más negro) toma el control como herencia de la ex banda del cantante, quien con su voz bastante grave (sin llegar a ser gutural claro) marca tendencia. Con clichés y/o sin ellos, estas canciones tenidas de verde tienen todo para hacerte mover la patita. Por mi, no hay más nada que pedir.
Opeth es una banda única. Cuesta nombrar grupos que a principios de los 90s supieran combinar la brutalidad del death metal y le añadieran intermedios progresivos con gran énfasis en el sonido de bandas de los 70s como Camel, Rush entre otras. Y ni hablar de un vocalista que variaba entre las voces podridas (tomando nota de las enseñanzas de David Vincent de Morbid Angel) y voces calmas con un toque muy personal que lograban un matiz único. Esto los marcó como un estandarte de la movida metálica sueca y disco a disco fueron mostrándose con un grupo que dentro de parámetros bien determinados fueron evolucionando y demostrando calidad. Haya por el 2007 tuvimos la oportunidad de recibir a la banda, pero debido a una suerte de impuesto de transporte aéreo de equipos, tuvimos la decepción de un show suspendido. Pero nuestras plegarias fueron escuchadas y el pasado 3 de abril pudimos por fin ver a la banda, sin su enigmático baterista uruguayo Martin Lopez, pero con la promesa de rompernos la cabeza. Y así fue. Lejos que el comienzo con Heir apparent de su disco a presentar “Watershed” y que el sonido en algún punto no era el mejor, la banda ya nos demostraba que su performance en vivo estaba lejos de estar dentro de un parámetro más que pide más una escucha que entrar en un pogo adrenalinico. Ghost of perdition, de su anteultimo disco Ghost reveries, nos sumergía con su buena dosis de violencia con sus intermedios melódicos y la voz de Mikael Akerdfelt precisa y letal. Godhead Lament (de su disco still life) fue un momento altísimo con esos coros emotivos / oscuros y estribillos melódicos tan característicos de la banda, pero con demasiada energía. Credence marco uno de los puntos más emotivos y no por menos, un anestésico para el brutal The Lepper Affinity de su disco Deliverance (que los mostraba como una banda más brutal sin dejar de lado la progresividad). La banda se mostraba bastante acorde y el tecladista (que se había incorporado ya para Ghost reveries), les daba nuevas dimensiones a las canciones. Ni hablar de momentos donde Mikael exponía su buen sentido del humor y entre tema y tema zapaba unos simpáticos fragmentos de temas de Depp purple (Soldier of fortune) y los beatles (You've got to hide your love away) y el nuevo baterista (Martin Axenrot) logrando remplazar al ex baterista y logrando acercarse a su estilo, bastante emparentado con el free jazz. Mención aparte para Clousure en una versión con intermedio sicodelico, The night and the silent water (Del disco Morningrise, con su cercanía al sonido melódico sueco), el comienzo de Harvest (cantado a viva voz por el publico), el intermedio funky-sicodélico-saltarín de The Lotus eaters y el final a todo trapo con Deliverance nos dejaron una huella imborrable a todos los que estuvimos ese día. Podremos objetar la lista de temas y otras cosas, pero no cabe duda que el show de Opeth fue un show de esos que no se ven seguido.
Los cambios no son aceptados por todos. Más si fuiste un pilar del thrash más sucio y brutal como lo fue Kreator.
Luego de editar sus 5 discos más representativos y de convertirse en un emblema de la escena thrash germana junto a sus compatriotas de Sodom y Destruction, sale lo inesperado.
Renewal es el comienzo de la segunda etapa de la banda, que los marca con una suerte de discos experimentales que serian en su mayoría mal recibidos por sus fanes más tradicionalistas. En fin, Renewal nos muestra un kreator más denso, pero no por eso con mucha garra, y sobre todo, conservando parte de su sello característico, pero llevado a un refinamiento, influenciado por estilos bastante ajenos a la escena thrasher. Los temas suenan más maquinales y la banda se arriesga con rebajes más hardcoretas con el típico tupa tupa del género.
Hay arreglos electrónicos/industriales que le dan un gusto especial y se complementa con el clima tenso del disco. Mille Petrozza se da un papel especial dejando de lado las voces gritadas y pasando a voces un tanto más calmas, sin olvidar su papel como cantante de thrash.
Winter martyrium arranca con todos los elementos antes descriptos y básicamente nos da una pauta de lo que será el disco. Renewal (el tema titulo) nos estampa con ese excelente riff y su clima medio tiempo.
Reflection es un tema bastante oscuro. Brainseed sorprende con su arranque electrónico y su arranque hardcore. Karmic Wheel es otro punto altísimo del disco donde nos encontramos con un Petrozza que me recuerda por momentos a Nick Holmes de Paradise Lost (antecedentes que se verían más adelante en su viraje al goth de la mano de Endorama (1999). Los demás temas siguen por ese camino, pero destaco Europe after the rain con su comienzo muy ¿Kissero? y sus intermedios tranquilos que le dan un toque especial entre ese maremoto de arranques brutales. Renewal es un disco que sorprenderá a más de uno que espere los típicos riffs e ideas del género. Si queres thrash tradicional y palero, búscalo en otro lado. Para quienes esperamos algo más del estilo, bienvenidos.