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sábado, 23 de julio de 2011

El dulce sonido del exceso


Fudge Tunnel - Hate songs in E minor (1991)

La suciedad. Ese latir que embrutece. Esa muralla desmoralizante. El toxico hollín impregnado en nuestro ser. La maquinación de la vida diaria. El aullido del inconformismo. La jeringa que activa nuestras emociones. El retumbar del almas corrompidas. Nadie tiene más odio que el hombre mismo. El que se somete a esta terapia de electroshocks sonoros.

Y ciertamente, Fudge Tunnel era la representación misma de aquel sentimiento que expresaba y expresa el vivir diario en cualquier ciudad de reino unido. Guitarras densas, manchadas de una negrura y violencia asfixiante.

Y podemos hablar en cierto modo, de aquella fusión que empezaba a hacerse cada vez más notoria entre el viejo y querido hardcore, y el sonido que habían impuesto el gran Tony Iommi.

Si, hablamos de sludge. Aunque si comparamos, nuestros amigos de las tierras de Robin Hood distaban de sonar cercanos a el sonido de pilares de la movida de New Orleans como Eyedhategod o crowbar siquiera.

Fudge Tunnel tenía una nervio mucho más centrado en el hardcore/punk, con el sonido de Kilslug como referencia más cercana (banda de la cual algunos miembros encarnarían Upsidedown Cross, otra banda fundamental en lo que refiere a los inicios de aquel sonido) o los Melvins y por el otro lado, una importante cuota de groove industrial, cercano a Killing Joke o a sus compañeros de sello como Godflesh, sin caer en la artificialidad de lo mismos, logrando un sonido más compacto y enérgico. Como consecuencia los temas que componen este portentoso debut mantienen un clima oscuro, salvaje y negativo, sin perder la energía.

Alex Newport, en base a sus murallas de sonido y a un alarido áspero, contribuye en ese clima de tensión a lo largo de los 9 temas y 2 covers que componen la placa.
A eso sumenle letras con contenido político y un sentido del humor bastante particular.
Lamentablemente la historia no fue justa nuestros héroes. Después de un famoso hecho por lo que se confisco la primera edición del disco por el Scottland Yard en la sede de su sell
o Earache (por una tapa donde se mostraba la gráfica de como hacer una decapitación) y un fracasado paso por una multinacional (con Creep Diets de 1993), la banda separándose después de la edición de Complicated frutility of ignorance en 1994. Fudge Tunnel plantó una semilla importante en el underground extremo y más de uno debería considerar a este “Hate songs in E minor” como un clásico esencial, aunque a nadie le importe.




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domingo, 13 de junio de 2010

Preludios de un bello Apocalipsis en estado larval





Hybernoid - The Last Day Begins?(1994)




Una milésima de segundos. Un minuto. Ni el tiempo podría ser suficiente para envolvernos en esta oscura penumbra. Una aurora maquinal que es corrompida ante esas líneas de ruido blanco, casi una radiografía. Y esas ocasionales ondas placenteras que nos dejan de regocijo son simples preludios para ese duro latigazos divino. Y duelen, queman y no desaparecen. ¿Pero acaso lo bello debe ser placentero y pulcro? ¿Acaso un grito es simplemente un llamado al pánico o un simple suspiro de frustración latente?
A no temerle a esas figuras retorcidas que se enlazan y abren sus poros como flores biónicas. Lanzan su polen en medio de esa maraña ígnea. Una herrumbrada tez toca cada punto de tu ser. Y ni esos zapatos lustrados sobreviven a su impúdica desidia. Pero es ahí donde reside su belleza, en aquella dicotomía entre lo gastado y lo tristemente por gastar.
Mientras aquellos rugidos no detienen su marcha, en medio de esa atmósfera cadenciosa, y esas cuerdas no temen salir de la tierra para demostrar su sonido visceral entre tanta armónica e inútil pasividad.
En ese mundo donde se cruzan My Bloody Valentine, Godflesh y porque no, cierta cadencia más post punk, donde reside un poco un corazoncito de las dolencias universales, donde el mundo hibernará eternamente, aquí residen estas canciones. Donde aquel viejo recelo permanece, enterrado para un día florecer con el último aliento del hombre, como un recuerdo de algo que fué, pero no será eterno.


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sábado, 12 de septiembre de 2009

Un ballet cósmico con un Carl Sagan vestido de negro


Samael – Ceremony of opposites (1994)



Suiza no es un país que se haya especializado en grandes nombres dentro del metal, si exceptuamos claro esta a los legendarios Celtic Frost y a los Thrashers Coroner. Pero dentro de todo, Samael puede tomar un nombre dentro de los referentes importantes de esa movida.
Su sonido primigenio estuvo atado a el genero más brutal y oscuro de principios de los noventas: el Black metal. Sin embargo, luego de dos discos de música salvaje y primitiva donde abundaba la mala producción y los riffs gélidos, nuestros amigos decidieron ir a lo más profundo del cosmos y encontraron que podían trasmitir aquella brutalidad desde los más lejanos rincones del universo. De ahí, salio Ceremony of opposites de 1994, donde la banda, desde la tapa, mantiene parte de su imaginaria satánica/blasfema, pero agrega un condimento espacial en base a teclados semi sinfónicos/espaciales que nos llevan por galaxias distantes. Por su parte, la banda decide bajar igualmente las revoluciones para este disco, acoplando esa suerte de riffs oscuros, sin tanto uso de blast beats, en pos de dejar más espacio para los climas y con una producción diez veces superior a sus anteriores producciones, algo que en el momento de la salida del disco pudo haber sonado chocante para los blackers más radicales que adoraban las paupérrimas producciones de los primeros discos de pilares Noruegos de la talla de Darkthrone o Mayhem.
Temas como Black Trip o Celebration of the Earth nos sumergen en una mundo donde las atmosferas artificiales, las voces rugidas, los oscuros y negrísimos riffs y los interludios espaciales van de la mano, en una suerte de juicio final cósmico.
Pero destaco momentos como el final de Son of Earth, los climas de la demoledora Mask of the red death, aquel comienzo de chelos en Baphomeets thone o la siniestra Flagelation con ese interludio de teclado a partir del minuto 3:08.
Con esto y más, Samael se erige con una obra que nos llevara a un macrocosmos, más cercas de los gélidos fiordos que de la calidez estelar, lejos del Corpse Painting y más cerca de aquel mundo que quiso enseñarnos Stanley Kubrick. Todo lo que pido son oídos dispuestos.



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Datos disco

viernes, 19 de junio de 2009

El espiral descendente de la fragilidad


Nine Inch Nails – The fragile (1999)


Trent Reznor es una gran mente en ese universo de la llamada música industrial. Sin mucho problema, con 3 discos a cuestas, marco nuevas ideas a traves de su proyecto Nine Inch nails, a aquel panorama, alejándose en parte del sonido más metálico de Ministry o de el maremoto opresivo conocido como Godflesh, aunque si con un toque de el espíritu bailable de Front 242 (algunos recordaran aquel tema Down it de su disco debut Pretty hate machine) . Disco a disco promovió un sonido donde se confrontan pasajes accesibles con chocantes paredes de ruido para llevar todo a otro mundo, con el clásico The Downward Spiral (1994) y el corrosivo Ep Broken, llamando la atención del mundo y logrando posicionarse dentro de los albores de la música industrial, volviendose un grupo de renombre comercialmente, y por suerte, sin renegar cierto vuelo experimental.
Podríamos decir que mucho influyó aquellos años de consumo de sustancias duras que llevaron a nuevas dimensiones a Nine Inch Nails, y que el producto que nos ocupa en cuestión fue el último documento hasta el largo inpass como resultado de su rehabilitación.
Aún así, Reznor nos lleva por esa visión dicotómica entre la belleza y lo grotesco/cacofonico de forma infinita. Porque en cierta forma, The fragile es eso, el mundillo de NIN pero ampliando la paleta sonora, conjugando aquel gusto por melodías accesibles y ruido blanco, aunque a veces la cacofonía produce más un vuelo soñador.
Y como el nombre lo dice, hablamos de un viaje por los caminos de la fragilidad, donde el riesgo que esto implica, con 23 temas dividido en 2 auspiciosos discos.
Y aún pensaran que los discos dobles son pretenciosos (y que quedara para Calamaro en este caso), pero el tema no es cuantos temas haya o discos, sino el vuelo creativo, y hablamos de un personaje que ya había marcado su impronta con buen gusto, por lo que buenos augurios podíamos dejarle.
Pero también se me hace necesario dividir lo experimentado, porque a decir verdad los discos producen efectos distintos. Por un lado el comienzo del primer disco con Somewhat Damaged podría despistarnos, un tema con toda la efervescencia rockera tipica de la banda con toda la maraña maquinal y decadente, pero The day the World went away es otra historia. Una hermosa pared sonora al mejor estilo de My Bloody Valentine (y bandas shoegaze/Noise pop) se intercala con hermosos pasajes con un intermedio tranquilo de esos que también sabe superponer el muchacho.
Y apenas hablamos de la frutilla del postre. The frail es un tema ambient con piano que nos lleva de preámbulo a esa suerte de universo de caos controlado llamado The wretched sofocado por momentos donde los rugidos de Reznor se acoplan a estruendosas guitarras y maquinas acompañadas por esas baterías tan artificiales.
Y la marcha sigue con We`re in this together, siguiendo aquella idea de pasajes marchosos, sonidos repetitivos devenido de otro mundo y estribillos cubierto por paredes de guitarras que no temen cubrirlo todo, menos la voces de su artifice, claro.
The fragile, un medio tiempo con crecendo que nos sumerge de parte de la tranquilidad a los típicos estribillos emotivos/poderosos, y un intermedio ambiental que decae en un estruendoso pero no menos hermoso final.
Y para no alargar demasiado el asunto Just like you imagined es un interesante instrumental donde Reznor no teme aplicar toda su paleta sonora, además de la interesante muralla sonorosinfonica conocida como Pilgrimage y el emotivo final con The great below a pura tranquilidad y violines/pianos siguiendo esa letanía.
Ahora el problema esta en el segundo cd ¿Por qué el problema? Porque en cierto punto toda esa épica sonora experimental que supo lograr en el primer cd se tambalea, no por falta de vuelo sino porque simplemente la necesidad del músico pareciera la de llevar el espectro del mismo a un rumbo no tan ambiental/ruidoso, un poco más directo si se quiere, en pos de general otras sensaciones o que simplemente suena más irregular que el primero.
Pero en cierto modo, aunque es de destacar que uno de los temas más memorables de The fragile esta en este cd (la directa/rockera Starfuckers Inc, llevando a cierta cercaná con el Ministry más pesado), no se encuentra el mismo sentimiento.
Pero temas como Into the void, The mark Has been made o la mencionada Starfuckers Inc, logran mostrar por suerte que hay algo de rescatar ¿Es algo malo? Para nada, solo que puede decepcionar un poco el vuelo de los temas.
En definitiva, cada cual tomara juicios sobre este disco. The fragile nos lleva por un camino de incertidumbre, lastima que el espiral que también supo cultivar Trent Reznor no pueda llegar a tope como antes


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